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jueves, 10 de junio de 2010

otras cris posibles

cuántas, cuántas ganas de ser tu cris tu musa tu musgo, julito. pero puedo imaginar que estos versos son para mí, que soy esta cris ahora. y que en alguna calle de parís nos encontraremos alguna vida.

ratoncito, pelusa, medialuna,
calidoscopio, barco en la botella,
musgo, campana, diáspora,
palingenesia, helecho,

eso, y el dulce de zapallo,
el bandoneón de troilo, y dos o tres
lugares de piel donde hace nido el alción,

son las palabras que contienen
tu cruel definición inalcanzable
son las cosas que guardan la sustancia
de que estas hecha para que alguien
beba y posea y arda convencida
de conocerte entera
de que sólo eres cris.


julio cortázar, otros cinco poemas para cris en salvo el crepúsculo.

martes, 14 de octubre de 2008

he estado recibiendo visitas.
la mujer que era, seis años atrás, me ronda y me sorprende por la espalda, susurrándome recuerdos de esos tiempos, cuando yo era otra, y vos todavía te reías en el living y escuchabas el partido de patronato los domingos.
entonces tenía otro amor, otros sueños, otras certezas.
ahora que ya no estás, y que la vida sigue pasando, obligándome a asumir ese "ya no estás", te cuento, con esta carta que no llega a ninguna dirección, que tu hijo mayor se casa este fin de semana, (increíble pero cierto!), que te extrañamos todos aunque nadie diga nada, aunque nos delate la niebla en los ojos, cada vez que, en mitad de los preparativos, aparecés de alguna manera.

ojalá esta piba que fui pueda irse, y se lleve con ella este dolor, este agujero negro que tengo, en el que se pierden las sonrisas y los buenos deseos. ojalá pudiera presentarte a esta que soy, tomarnos unas cervezas y quizás contarte de mi amor, de mis sueños nuevos, y las incertezas que coleccioné, en estos mis 27 años que están por llegar, sin vos, sin tregua, sin nada.



miércoles, 30 de julio de 2008



"(...) Cuántas hojas podrías bocetar sobre un par de manos?
Estas que conocí son grandes...
son manos solventes,
cabría dentro de ellas una casa,
un árbol, algo enorme y básico.
Y también la compasión".



(El albergue de las mujeres tristes, de Marcela Serrano)

miércoles, 18 de junio de 2008

la rubia camina, sin prisa, tomandose cada tanto el trabajo de hacer crujir alguna de las tantas hojas doradas de otoño que tapizan la vereda. va de la mano de su historia, de sus dolores viejos, mientras las alegrías de los últimos días se ocupan, ahora, de alborotarle el pelo, disfrazadas de viento que despabila sin lastimar. la nostalgia le cuenta recuerdos, se los dibuja en la mirada que pasea por la calle, que sube a los árboles que ya no son los que eran.

(nosotros, los de entonces, tampoco somos ya los mismos. gracias a... quien sea)

están viniendo los tiempos mejores que se prometía (un millón de años luz atrás) un año nomás atrás. la rubia se acomoda el pelo, desprendiéndose suavemente la nostalgia, suelta la mano de sus adioses y bienvenidas, y mientras se desenvuelve el cuello de la bufanda de colores que le abriga la voz, entra al bar, pide un café, saca el libro del bolso. y se ríe, se sonríe. le sonríe al mundo que la mira sin verla. y es feliz.