la rubia camina, sin prisa, tomandose cada tanto el trabajo de hacer crujir alguna de las tantas hojas doradas de otoño que tapizan la vereda. va de la mano de su historia, de sus dolores viejos, mientras las alegrías de los últimos días se ocupan, ahora, de alborotarle el pelo, disfrazadas de viento que despabila sin lastimar. la nostalgia le cuenta recuerdos, se los dibuja en la mirada que pasea por la calle, que sube a los árboles que ya no son los que eran.
(nosotros, los de entonces, tampoco somos ya los mismos. gracias a... quien sea)están viniendo los
tiempos mejores que se prometía
(un millón de años luz atrás) un año nomás atrás. la rubia se acomoda el pelo, desprendiéndose suavemente la nostalgia, suelta la mano de sus adioses y bienvenidas, y mientras se desenvuelve el cuello de la bufanda de colores que le abriga la voz, entra al bar, pide un café, saca el libro del bolso. y se ríe, se sonríe. le sonríe al mundo que la mira sin verla. y es feliz.