troya, la que ardió (se dice que por la maldita costumbre que tenían los dioses griegos de entretenerse metiendo cizaña entre los hombres, aunque esta vez sembraran amor -entre paris y helena, casada ella, loco perdido por sus faldas él-), yacía hundida bajo el peso de las
otras troyas que le nacieron después de la batalla, después del caballo, después de que no quedara nada.
cuántas yos, cuántos otros y otras,
nos crecerán, nos nacerán
después de los incendios,
los naufragios,
las alegrías, los misterios,
los tesoros
inconmensurables de nuestras vidas?