ella miró a los dos lados antes de cruzar la avenida. antes de terminar de llegar al otro lado, lo vio. el ya estaba en el parque, esperándola. se acomodaba, en ese minuto, la correa de la termera que habia llevado. cuando la vio, se iluminó en sonrisas. ella también. caminaron, acelerando un poco el paso, para encontrarse a mitad del camino. se abrazaron, un rato largo. o quizás fue un ratito. para ella fue un rato largo y bello. después vinieron las preguntas por los amigos en común, que él, al mudarse de la ciudad donde se conocieron ya no volvió a ver. se pusieron al día, se contaron penas y alegrías nuevas, se rieron mucho, tomaron mates con yuyos. como siempre. cuando la tarde ya avanzaba, ella le dijo que se tenia que ir, que habia quedado con amigos para encontrarse e ir al recital que la traía a esa ciudad, ahora suya. que se le hacía tarde, dijo ella. se levantaron, el guardo el mate vacío en la termera, ella se sacudía el pasto de la pollera, y cuando levantó la vista, lo vió sonreír. le devolvió la sonrisa, y se dejó abrazar otra vez. otro abrazo intenso y feliz. y de repente lo sintió temblar, temblaba él entre sus brazos y se sorprendía ella de su temblor. se separó despacio, para mirarle los ojos, para entender. y ahi el mundo se paró por un ratito, que para ella fue un rato mas largo aun. porque el le tomó la cara entre las manos, y la besó, mucho la besó. con ternura y decisión. con un poco de timidez y mucho de cariño. olvidados quedaron los amigos, los músicos, el colectivo de vuelta a casa. se volvieron a sentar, ella le sacó los lentes para besarlo mejor, el dijo que así lo desnudaba. ella se sacó los suyos, estamos desnudos los dos ahora, dijo. y sonrió. como estas?, preguntó. completo, respondió. y ella se estremeció, algo (una muralla) se vino abajo. y cuando volvieron los amigos, el recital, el colectivo, el no le pidió que se quede. ella no dijo nada. se dejó acompañar a tomar el taxi, acomodada a su abrazo, mientras el comentaba qué bien quedaba ella, guardada al lado suyo. ella se sintió feliz. sin reparos y sin vacilar, la besó de nuevo, ella también, y no dijeron nada mas.
el no dijo nada. y su silencio retumbó en los meses siguientes. el no le pidió que se quede, tampoco que vuelva. no prometió volver, no le dijo nada de ir a la ciudad al lado del río.
han vuelto a reír juntos. no han vuelto a besarse. no hubo de nuevo abandono y caída de murallas. a veces ella se acuerda de ese momento en que se todo se detuvo y fueron ella y él. piensa. piensa que le duele como una cicatriz vieja, cuando hay mal tiempo: esos dolores sordos pero soportables, que si se distrae con otra cosa pasan. pero lo cierto es que le duele, le duele ese silencio y ese beso. pero ella ya es sólo ella y él será (para siempre) sólo él. la cobardía es asunto de él, piensa ella. y la se esconda de lo que siente, definitivamente, no será. ya no, ya nunca.
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