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lunes, 7 de septiembre de 2009

ella - él

ella miró a los dos lados antes de cruzar la avenida. antes de terminar de llegar al otro lado, lo vio. el ya estaba en el parque, esperándola. se acomodaba, en ese minuto, la correa de la termera que había llevado. cuando la vio, se iluminó en sonrisas. ella también. caminaron, acelerando un poco el paso, para encontrarse a mitad del camino. se abrazaron, un rato largo. o quizás fue un ratito. para ella fue un rato largo y bello. después vinieron las preguntas por los amigos en común, que él, al mudarse de la ciudad donde se conocieron ya no volvió a ver. se pusieron al día, se contaron penas y alegrías nuevas, se rieron mucho, tomaron mates con yuyos. como siempre. cuando la tarde ya avanzaba, ella le dijo que se tenia que ir, que había quedado con amigos para encontrarse e ir al recital que la traía a esa ciudad, ahora suya. que se le hacía tarde, le dijo. se levantaron, el guardó el mate vacío en la termera, ella se sacudía el pasto de la pollera, y cuando levantó la vista, lo vio sonreír. le devolvió la sonrisa, y se dejó abrazar otra vez. otro abrazo intenso y feliz. y de repente lo sintió temblar, temblaba él entre sus brazos y se sorprendía ella de su temblor. se separó despacio, para mirarle los ojos, para entender. y ahí el mundo se paró por un ratito. porque él le tomó la cara entre las manos, y la besó, mucho la besó. con ternura y decisión. con un poco de timidez y mucho de cariño. olvidados quedaron los amigos, los músicos, el colectivo de vuelta a casa. se volvieron a sentar, ella le sacó los lentes para besarlo mejor, el dijo que así lo desnudaba. ella se sacó los suyos, estamos desnudos los dos ahora, dijo. y sonrió. como estas?, preguntó. completo, respondió él. y ella se estremeció, algo (una muralla) se vino abajo. y cuando volvieron los amigos, el recital, el colectivo, él no le pidió que se quede. ella no dijo nada. se dejó acompañar a tomar el taxi, acomodada a su abrazo, mientras el comentaba qué bien quedaba ella, guardada al lado suyo. ella se sintió feliz. sin reparos y sin vacilar, la besó de nuevo, ella también.
ella no esperaba nada. pero el silencio de él retumbó en los meses siguientes.
cierto era, él no le pidió que se quede, tampoco que vuelva.
no prometió volver, no le dijo nada de ir a la ciudad al lado del río.

han vuelto a reír juntos, sí. no han vuelto a besarse. no hubo de nuevo abandono y caída de defensas. a veces ella se acuerda de ese momento en que se todo se detuvo y fueron ella y él. piensa. piensa que le duele como una cicatriz vieja, cuando hay mal tiempo: esos dolores sordos pero soportables, que si se distrae con otra cosa pasan. pero lo cierto es que le duele, le duele ese silencio y ese beso. pero ella ya es sólo ella y él será (para siempre) sólo él. la cobardía es asunto de él, piensa ella. y quien se esconda de lo que siente, definiivamente, no será ella. ya no, ya nunca.

6 comentarios:

francisca los lunes dijo...

navegando, navegando llegué a este blog... me gustó el texto ¿realidad o ficción? pregunto, para ir ambientandome, porque me parece que voy a volver a pasar... saludos y felicitaciones.

la vecina dijo...

bienvenids, francisca! mire, es un poco y un poco de ambas cosas, como todo. me alegro que le haya gustado. saludos y grazies!

Nati Gigliotti dijo...

precioso cris

no tengo palabras

me dejo con el nudo en la garganta, con las ganas de volver a sentir esas cosas que tan bien describe acá.

la abrazo fuerte

Na.-

la vecina dijo...

gracias na! por el abrazo y el mimo.

yo extraño esos sentires también. pero vio que viene lo otro, junto. el silencio y el después.

le dejo otro abrazo fuerte fuerte!

Luciana dijo...

Simplemente, maravilloso. Esa incomodidad que precede al instante más lindo... Ojalá a todas nos vuelva a pasar.

Abrazos

la vecina dijo...

luciana: si. ojalá.

más abrazos pa usté!