sé que están ahí. y con la voz de norah, llamándolas, casi se animaron a salir. sé que vienen de lejos, que están vestidas tanto de alegría, como de esta tristeza que no me puedo sacudir, y de emoción tremenda y profunda por mirar esos ojitos. pero no, no vienen.
quizás es cierto: quizás las gasté a todas llorando amores que no fueron, que dolieron tanto así. pero por ahora son un nudo, una presencia, una incertidumbre, un susto. porque no me quiero endurecer, no quiero volverme estatua de sal, por lágrimas petrificadas de asombro ante el ciclo que se cierra y las puertas que se abren.