esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. a esconderte o a mostrarte mucho. ese cuidado de cuidarte tanto para acabar contando tu historia, tu verdad, con pelos y señales a un desconocido. esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien muestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. ese vértigo de quedarte. esa indomable sed de alguien y no estar con nadie. de envolver las caricias en palabras. esas ganas de cambiar sin renunciar a nada. esa hambre de posibilidades. ¿cómo pensar en esta confusión contradictoria?
es verdad y mentira, está bien y está mal y no hay salida.
nada que hacer. tomate un vaso de agua.
y es que no hay recetas que sirvan para paliar las complejidades de ser mujer. o de ser hombre, qué tanto. que las contradicciones nos pasan, nos atraviesan, nos desvelan a todos y todas.
(a llorar al campito!)
(del libro Tratado de culinaria para mujeres tristes. Repentinos antídotos contra la pertinaz melancolía, de Héctor Abd Faciolince)
No hay comentarios:
Publicar un comentario