Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia
y uno piensa en los maremotos
que se han tragado espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches
y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad
de nuestros abrazos voluptuosos,
la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías,
los paisajes que hemos visto juntos,
tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado,
los ademanes y las palabras de ellos.
Todo, todo ha desaparecido
y estamos solos bajo la lluvia,
solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino,
en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas,
las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana;
increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.
RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN
(siempre amé la lluvia. y más aún, la tormenta. porque es bella y triste, si. pero también es potencia y despertares. y porque no se me ocurre mejor plan que compartir un amor mientras afuera el mundo se lava la cara, las manos, el dolor).
2 comentarios:
Lo bueno de la lluvia es que es el único momento en que a la gente se le ocurre comer tortafritas. Lo malo de la lluvia es que muchas veces cae de improvisto y no hay nadie cerca que sepa hacer tortafritas.
Bueno, igualmente la lluvia es un poco más que eso. No vamos a reducir la lluvia sólo como el momento ideal para consumir toratafritas. Pero si alguien tiene una cualidad mejor que las tortafritas, ¡que la diga!
Porque la tortafrita es la única cosa con grasa que es agradable (aunque algunas pancitas también... ¡pero que nacen productos de esas tortafritas!).
¿Estaré mal de la cabeza?
las tortafritas son elemento indisoluble e inseparable de la lluvia. pero disiento con ud., don rodirgo: no sólo ellas. (usté no ha probado los buñuelos de membrillo de mi mami).
pero lo salva que su comentario fue a priori.
cualquier lluvia, me avisa y prueba, y despues me cuenta, estamos?
besos y grazie, rodirgo, grazie, por pasar a saludar.
(puede que si... pero no por pensar esas cosas. Estar mal de la cabeza es producto inequìvoco de estudiar comunicación social, colega!)
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