triste triste triste
sola sola sola
enojada enojada enojada
impotente impotente impotente
asi me siento
y es horrible
es vacío
donde carajo estás, ahora?
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sábado, 5 de abril de 2008
jueves, 3 de abril de 2008
lunes, 31 de marzo de 2008
adioses
se miraron una última vez. ya no, ya nunca. lo que no se dijo quedaría sin decirse, lo que no se hizo, sería siempre una pregunta sin respuesta. dijo ella, bajito, como para si misma, tenes miedo?. él no contestó nada, como siempre, sonrió apenas, le tocó la cara con la punta de los dedos, bajó la mirada. no iban a pretender engañarse con un hasta luego. no habría mas abrazos ni risas ni cervezas las noches de calor. sólo un adiós, o dos.
no volvieron a verse. para qué estirar el dolor de una despedida de la que no se volverá?
asi de irreversible, de dura, de definitiva es la muerte.
no volvieron a verse. para qué estirar el dolor de una despedida de la que no se volverá?
asi de irreversible, de dura, de definitiva es la muerte.
miércoles, 27 de febrero de 2008
lluvia
Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia
y uno piensa en los maremotos
que se han tragado espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches
y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad
de nuestros abrazos voluptuosos,
la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías,
los paisajes que hemos visto juntos,
tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado,
los ademanes y las palabras de ellos.
Todo, todo ha desaparecido
y estamos solos bajo la lluvia,
solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino,
en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas,
las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana;
increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.
RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN
Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.
Otras veces cae con furia
y uno piensa en los maremotos
que se han tragado espléndidas islas de extraños nombres.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
Sus tambores acunan nuestras noches
y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.
No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.
De nuestro gran secreto.
Ignoraban la intimidad
de nuestros abrazos voluptuosos,
la ternura de nuestra fatiga.
Acaso los rostros amigos, las fotografías,
los paisajes que hemos visto juntos,
tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado,
los ademanes y las palabras de ellos.
Todo, todo ha desaparecido
y estamos solos bajo la lluvia,
solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino,
en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la violencia de la lluvia.
Te quiero con todos los tambores de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada.
Recién estamos descubriendo los puentes y las casas,
las ventanas y las luces, los barcos y los horizontes.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana;
increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.
La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.
RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN
(siempre amé la lluvia. y más aún, la tormenta. porque es bella y triste, si. pero también es potencia y despertares. y porque no se me ocurre mejor plan que compartir un amor mientras afuera el mundo se lava la cara, las manos, el dolor).
lunes, 25 de febrero de 2008
una de aute
(siguen apareciendo, así, las palabras y las músicas de otros. ya aparecerán las mías, ya van a leer...)
Tu sed transubstancia mi sudor
en vino que bebemos en cada beso
Tus pies no se hunden
en los lagos de mis lágrimas.
Tu saliva siembra la luz
en la noche de mis ojos.
Tu voz resucita mis músculos dormidos
mis latidos sepultados.
Tus manos, cuando me tocan, curan
mis heridas más invisibles.
Tu hambre fecunda peces
que se multiplican
como deseos de humedad
en el múltiple pan de mi cuerpo.
Cada vez que me amas, es un milagro.
Tu sed transubstancia mi sudor
en vino que bebemos en cada beso
Tus pies no se hunden
en los lagos de mis lágrimas.
Tu saliva siembra la luz
en la noche de mis ojos.
Tu voz resucita mis músculos dormidos
mis latidos sepultados.
Tus manos, cuando me tocan, curan
mis heridas más invisibles.
Tu hambre fecunda peces
que se multiplican
como deseos de humedad
en el múltiple pan de mi cuerpo.
Cada vez que me amas, es un milagro.
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